sábado, 15 de septiembre de 2012

Los recortes llegan a los centros de recuperación

“A día de hoy hay muchos animales heridos o enfermos que se mueren porque no hay ni medios ni personal para atenderlos, curarlos y devolverlos al medio natural”. Lo dicen técnicos, veterinarios, biólogos y voluntarios de centros de recuperación de fauna de toda España que hacen lo que pueden por intentar salvar de una muerte segura a águilas, búhos, buitres, ginetas, erizos o tortugas.

Los recortes en este apartado han mermado las plantillas y medios de instalaciones en muchos casos modélicas, que no solo curan a animales, sino que desarrollan programas de cría y reintroducción de especies amenazadas y otros de educación ambiental.

El goteo de pérdidas de inversión y personal se produce desde hace dos años, pero la alarma se intensificó a finales del pasado 2011, cuando el Gobierno de Castilla-La Mancha decidió prescindir del equipo de veterinarios que gestionaba los cuatro centros de esta Comunidad Autónoma. Uno de los afectados es el Centro de estudios de rapaces ibérica, que cuenta con una línea paralela de trabajo en torno a la cría del águila imperial ibérica (en peligro de extinción). 

La parte que gestiona la recuperación de fauna en general ha perdido a dos de sus tres veterinarios, y Ecologistas en Acción denuncia que ya se han cometido sacrificios de animales por no poder atenderlos.

Desde la Consejería de Agricultura del Gobierno de Castilla-La Mancha justifican los recortes por la crisis económica y “la alta deuda que tiene la región heredada de la anterior etapa” y reconocen que en cada centro ha quedado solo un veterinario y un técnico de manejo. “La disminución del personal contratado no debe conllevar una merma en la asistencia a la fauna que llega a los centros, dado que ahora se utiliza de apoyo al personal propio de la Consejería”, apuntan. Sin embargo, los colectivos afectados consideran que ese personal no está capacitado, ya que procede de organismos agrarios o ganaderos, no de fauna silvestre.

La Coordinadora Nacional de Centros de Recuperación (Concer), que agrupa a más de cuarenta instalaciones públicas y privadas, incluidos los centros de cría, es la principal denunciante de esta situación. A principios de año emitió un comunicado en el que afirmaba que “las decisiones de algunas comunidades autónomas de recortar y en muchas ocasiones de anulación taxativa de presupuestos para los centros, clausurando algunos de ellos, junto con la devaluación del profesional vinculado a este sector, ha abierto una crisis sin precedentes, que pone en serio peligro una actividad avalada por la sociedad y por una amplia cobertura legal, como es la asistencia especializada a las especies silvestres catalogadas. Después de un proceso de más de treinta años nunca se había llegado a una situación ni tan siquiera parecida”.

“Esa situación permanece e incluso se ha agudizado”, apunta Álvaro Guerrero, miembro de Concer y portavoz de Acción por el Mundo Salvaje (Amus), que gestiona en Villafranca de los Barros (Badajoz) uno de los hospitales de fauna salvaje más emblemáticos de España, un centro privado que dirige una ONG. Guerrero indica que a pesar del recorte de las subvenciones, no han dejado de atender a ningún animal para el que les han solicitado ayudagracias a la colaboración de voluntarios y donaciones. Sin embargo, la falta de ayudas sí ha cortado las actividades externas al hospital.

Desde Andalucía, cuya red de centros de recuperación de especies amenazadas (CREA) se ha puesto muchas veces como modelo de gestión, también llueven las críticas. Aquí se denuncia el recorte de presupuesto, más que el de personal, y se pone como ejemplo a las instalaciones de El Boticario, en Málaga, especializado en aves carroñeras, donde ya no tratan a los ejemplares irrecuperables, antes mantenidos con fines reproductores o educativos. La Junta se limita a afirmar que están optimizando los centros para hacerlos más eficaces.

No hay una cifra oficial de los animales que pasan al año por estos centros en toda España, pero según estimaciones tomadas a partir de algunos de los más importantes la cifra ronda los 40.000 ejemplares, sean golondrinas y erizos o buitres negros y linces ibéricos. También hay que contar con la importante labor de emergencia que realizan en momentos puntuales, como en el caso de la catástrofe del Prestige en las costas gallegas.


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